Siglo XI. Santa María de Iguácel constituye una de las joyas del románico aragonés. Del antiguo monasterio femenino sólo se ha conservado la iglesia.
Su construcción adopta las formas y elementos del conocido como románico pleno o jaqués. Prueba de ello son la decoración del ábside o sus muros, donde se pueden observar, por ejemplo, cenefas de ajedrezado jaqués.
Del exterior del edificio destaca su excepcional portada. Protegida por un pequeño tejado, conocido como "tejaroz", conserva bajo el mismo una curiosa inscripción. Ésta permite datar la construcción de la iglesia aportando datos y nombres de los artífices de la misma como el monarca que reinaba en el momento o los condes que impulsaron y financiaron el proyecto.
Interesantes son tambíen los canecillos decorativos bajo el tejado, los capiteles, o las cenefas decorativas de las arquivoltas.
Merece la pena recorrer pausadamente el exterior de la iglesia y detenerse a observar todos los detalles de la misma: columnas, capiteles...
En cuanto a la torre, fue construída en época posterior.
En el interior destacan sus pinturas murales de estilo gótico. Hay que mencionar también una bella reja románica y la talla de la Virgen del mismo estilo actualmente depositadas en el Museo Diocesano de Jaca.
Más información: www.romanicoaragones.com
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Santa María de Iguácel: parte posterior y muro lateral
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Detalle de la portada
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Detalle de los capiteles y decoración de la portada
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Interior: pinturas murales de estilo gótico
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