Siglo XI. La iglesia que podemos contemplar actualmente es el único vestigio que se ha conservado del antiguo monasterio. Durante su época dorada fue Sede Episcopal del Reino de Aragón, panteón de obispos y guardián del Santo Grial, antes de que éste fuera trasladado, supuestamente, al cercano Monasterio de San Juan de la Peña.
El templo, de nave única, combina las dos corrientes artísticas del románico local: la sobriedad lombarda visible en el tratamiento y decoración del ábside y la profusión decorativa propia del estilo jaqués apreciable en su pórtico occidental.
El ábside presenta la clásica galería de arquillos ciegos y las lesenas: bandas longitudinales adosadas al muro.
El pórtico occidental, compuesto por arco de medio punto está enmarcado por arquivoltas, descansando dos de ellas en capiteles. La arquivolta exterior presenta la típica decoración de ajedrezado jaqués. La portada aparece protegida bajo un pequeño tejado, llamado tejaroz.
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