Siglos XI-XIII. Obra cumbre del románico aragonés, San Juan de la Peña estuvo muy vinculado desde su nacimiento al reino de Aragón. Sus tres primeros reyes, de hecho, fueron enterrados aquí.
Al llegar, llama la atención su espectacular ubicación en un paraje sorprendente y de gran belleza. Cobijado por una gran peña o roca, parte de sus estancias fueron excavadas en la misma, siendo su origen un eremitorio del siglo X.
Un gran incendio acontecido en el siglo XVII devastó gran parte del conjuto, pero sin embargo, lo conservado hasta nuestros días es de un gran valor tanto artístico como histórico.
En su interior destacan:
La iglesia prerrománica, las pinturas de San Cosme y San Damián (s.XII), la iglesia superior (consagrada en el s.XI) o la capilla de San Victorián, de estilo gótico.
La joya del monasterio, es sin duda, el claustro. Su ubicación, bajo la roca, lo convierte en algo inédito en la historia del arte.
De sus cuatro lados, se han conservado dos que muestran una interesante colección de capiteles atribuidos a dos talleres distintos. Es recomendable visitarlo con tranquilidad y detenerse en los detalles y en las distintas escenas representadas en ellos.
En cuanto a la iglesias, la superior, románica, fue construída sobre el primitivo templo mozárabe. De nave única, su cabecera cuenta con tres ábsides excavados en la roca. Una galería de arcos ciegos apoyados sobre columnas y capiteles recorren su superficie. El acceso al claustro se realiza a través de una puerta con arco de herradura.
La iglesia baja, mozárabe, dió origen al monasterio para convertirse posteriormente en la cripta de la iglesia superior.
La construcción de ambas iglesias debió de convertirse en un reto para los maestros de la época debido a las dificultades que entrañaba construir sobre la roca debiéndose adaptar en todo momento a esa circunstancia.
Más información: www.monasteriosanjuan.com y www.romanicoaragones.com