El origen de este núcleo situado a algo más de 1100 metros de altitud y a unos veinte kilómetros de Jaca se encuentra en la construcción de la estación de ferrocarril a principios del siglo XX. Alrededor de la misma se creó el pueblo que hoy en día supera en habitantes al primitivo Canfranc, situado 4 kilómetros aguas abajo. Para la construcción de la estación en lo que se conocía como Arañones se llevaron a cabo una serie de obras de ingeniería, de gran calado para la época, con el objetivo de adaptar el abrupto y difícil terreno a la construcción de una línea férrea que uniría a Francia y España por el Pirineo central.
El edificio más emblemático de aquella obra titánica es su majestuosa estación de ferrocarril, una de las más grandes de la época que fue inaugurada en 1928 por Alfonso XIII y el Presidente de la República de Francia.
Catalogado por algunos como modernista el edificio no deja indiferente a quien lo visita. Sirva como ejemplo de sus proporciones el hecho de que cuente con tantas ventanas como días tiene el año.
A lo largo de su dilatada historia la Estación ha visto transitar por sus andenes a gran número de personalidades, a miembros del ejército nazi y al famoso oro expoliado a los judíos. La dificultad del terreno, incendios y accidentes llevaron a que la línea se cerrara en 1970 y la estación se sumiera poco a poco en el olvido hasta llegar a amenazar ruina. Actualmente se encuentra inmersa en un ambicioso proyecto de restauración.
En el entorno todavía se conservan varios fuertes y construcciones de carácter defensivo que nos hablan de la situación estratégica de este enclave, lugar fronterizo codiciado desde antiguo. Prueba de ello son el Fuerte Coll de Ladrones, la Torreta de Fusilería (s. XIX) o la Línea P construida en la posguerra.
Canfranc Estación es parada obligada de los esquiadores que van o vuelven desde las estaciones de Astún y Candanchú y es punto de partida de varias rutas de senderismo.
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